lunes, 18 de octubre de 2010

Puntillitas de calamares

Puntillitas de calamares
Hoy he ido al mercado y he encontrado puntillitas de calamares, que vienen a ser calamares pequeñitos. Melilla es rica en productos del mar. Y no sólo están deliciosos sino que también están a muy buen precio. El kilo de puntillitas a 10 euros. 

Lo que más sorprende de ir a comprar es que los precios varían dependiendo del cliente que sea. Al principio el pescadero me pedía 12 euros, pero al cabo de cinco minutos el precio ya había bajado a 10. Y es que aquí no les gusta quedarse con los productos de un día para otro, ya que eso significa que se van almacenando sin necesidad y conviene venderlo todo.

Puntillitas de calamares fritas

Dientes de sierra


Dientes de Sierra

Se conoce con este nombre a los antiguos emplazamientos de los cañones de la batería de artillería que defendía la plaza. Y llevan este nombre por la forma de sierra que hacía la muralla. Van desde el Baluarte de San José bajo hasta la Puerta de Santiago. Se encuentran al sur de la Plaza de Armas.

Esta zona de la muralla ha sufrido diferentes excavaciones arqueológicas. Después de muchos años han sido restauradas y las construcciones que tenían anexas han sido retiradas.

Los cañones estaban orientados hacia el campo exterior que hoy forma el Barrio del Mantelete.
Batería de los Dientes de Sierra

Restos arqueológicos de la muralla

Izquierda Barrio del Mantelete y Dientes de sierra a la derecha
Excavaciones arqueológicas en la muralla



domingo, 17 de octubre de 2010

La Muralla Real y la Batería Real

Batería Real
Situados en el centro de la Plaza de Armas, nos podemos encontrar con la Muralla Real de la Ciudadela, perteneciente al siglo XVI.

Es la obra más importante de la ciudad durante todo el siglo XVI desde que comenzara su construcción a principios de esta centuria. Sobre la Muralla Real se situó la Batería Real.

En 1515 se efectúa un Plan de Obras en el Primer Recinto y se hacen pretiles y almenas sobre el terrapleno y la ampolleta, por lo que éstas ya estaban con anterioridad.

Al producirse el repliegue sobre el Primer Recinto, desde 1525 se continúan los trabajos en este Frente Oeste que son dirigidos dos años más después por Gabriel Tadino de Martinengo levantando murallas y terraplenos pero no debieron quedar terminadas definitivamente.

Por esta razón en 1549, ante el peligro que representa el ascenso en Marruecos de la dinastía Saadita, se inician de nuevo los trabajos que son dirigidos por el Ingeniero Miguel de Perea y desde 1553 por Juan de Zurita.

Estos trabajos consistieron en levantar los muros, y alzar el terrapleno desde la ampolleta nueva hasta la vieja.

Después de estas obras, quedó la Batería Real de las 12 piezas en buen estado de fortificación como lo atestigua el informe de Pedro Benegas de Córdoba que emite en 1575.

Hasta mediados del siglo XVII no volvemos a encontrar datos. Así, en 1656-1659, el gobernador Vázquez y Angulo repone la Batería Real, llamada del oeste y el gobernador Toscano Brito en 1680-82 hace de nuevo la torre de las campanas, (Ampolleta Nueva) sacándola como Torreón de cantería y repara su muralla colindante (117m.) siguiendo planes del Ingeniero Octavio Meni.

La reconstrucción de la Batería de las Campanas las llevo a cabo el gobernador Guevara Vasconcellos desde 1719 a 1722 perfeccionando la Torre de ésta y construyendo un repuesto de pólvora con tambor que ya estaba en 1721. A partir de ahora será una batería con 7 cañones en embrazaduras y merlones y dos torreones a sus extremos uno de los cuales, Ampolleta Vieja monta un cañón.

En 1753 la Batería tenía un cuartel con su cocina para alojamiento de artilleros, cuartito de tablas para el reloj y campana.



Muralla Real y Batería Real







Batería Real en 1969

Muralla Real

Muralla Real

sábado, 16 de octubre de 2010

Plaza de Armas

Plaza de Armas
Tras pasar el túnel de Hornabeque, se llega a la Plaza de Armas y se descubre una espléndida vista de la Muralla Real de la Ciudadela, perteneciente al siglo XVI. La Plaza de Armas, hoy ajardinada, era hasta 1906 el Presidio de Melilla, lugar donde cumplían condena los desterrados, penados y confinados políticos. 

En épocas de grave peligro armado para la ciudad, estos condenados contribuyeron muy eficazmente, incluso en las armas, en la defensa de la ciudad. A la derecha de la plaza, cerca de los antiguos emplazamientos de los cañones de la batería en dientes de sierra, está situado el monumento a Carlos Ramírez de Arellano, gobernador de la ciudad, muerto en 1646 en una emboscada.
Monumento a Carlos Ramírez de Arellano
Al fondo de la plaza, a la izquierda, unas escaleras conducen a una terraza que en su interior estaban los calabozos del Presidio y desde la cual se puede contemplar la Ensenada de los Galápagos.

Antes de su reforma, el piso estaba formado por cantos rodados y los jardines eran de la conocida "uña de gato". El lugar disponía de bancos de ladrillo y algún que otro cañón de la época a modo de decoración.

El camino principal lleva desde la Puerta de la Victoria hacia la Puerta de Santiago, que guarda el acceso al Primer Recinto fortificado de Melilla la Vieja.

Vista de la Muralla Real y la Batería Real
El Segundo Recinto está constituido por una meseta utilizada, tradicionalmente, como Plaza de Armas que está delimitada al norte por el acantilado que se abre a la Ensenada de los Galápagos; al este por la contraescarpada del Foso de Santiago; al sur por el lienzo en Llares o cremallera; y, al este, por el Hornabeque.

Prácticamente todo el recinto ha sido completamente transformado al llevarse a cabo, de manera un tanto insólita, el Plan Especial de Rehabilitación del Recinto Interior (PERI) de Melilla la Vieja, ya que se ha transformado la plaza diáfana en un anfiteatro escalonado al que todavía no se le ha asignado función. En estas páginas podrá el lector observar las diferencias entre la disposición de antaño y la actual que se le ha dado.

Plaza de Armas y al fondo la Muralla Real
Hay que destacar que durante las obras de reformas se descubrieron restos arqueológicos, entre los que se destaca, según Pilar Fernández Uriel (UNED Madrid): "junto a los magníficos lienzos de muro de época helenística, se descubrieron los restos de unos cimientos de estructura semicircular. Estos restos exhumados, en principio, resultaban difíciles de identificar e interpretar debido a su mal estado de conservación. El Dr. Villaverde sugirió que podríamos encontrarnos ante los restos de un ninfeo. Esta interpretación, tan acertada como sugerente, plantea varias cuestiones: ¿Por qués se construyó allí, precisamente un ninfeo?...." Así, se empezó a cuestionar y debatir sobre los restos aparecidos de la Melilla antigua, conocida como Russadir, que, al parecer sin duda, se enclavó, principalmente, en este segundo recinto como demuestra este ninfeo, monumento de carácter ornamental e hidráulico dedicado a las ninfas, hijas de Zeus, que personificaban las fuerzas naturales.

Desde el Túnel de la Victoria
Estos restos influyeron para que se intensificara una campaña de excavaciones que ha dado sus frutos, numerosos restos romanos y de anteriores civilizaciones datan ya esta zona.

Sin embargo, no se pudo evitar que se instalara la mole de hormigón que hoy guarda para el futuro lo que nos legó el pasado.

Por lo demás, el Segundo Recinto, primer espacio que utilizaron los españoles para vivir desde su llegada, tiene hoy en día la disposición que se le dio a principios del siglo XVIII, cuando, según Jesús Sáez Cazorla, "se construyeron varios cuarteles para ubicar el presidio de la ciudad con capacidad para más de 300 hombres. En 1764, el Penal de Desterrados contaba con una serie de cuevas excavadas  en la roca que servían  de calabozo y que todavía pueden visitarse. Existía también una noria para extraer agua potable, aunque su calidad no era muy buena, por ser gorda y salitrosa y para el consumo humano se depuraba en los aljibes del Primer Recinto". Esta noria es otra prueba, junto al ninfeo, de que la zona se habitó desde antiguo por la existencia de agua potable, además de ser el lugar idóneo para defenderse. De hecho, ese pozo fue utilizado hasta bien entrado el siglo XX.

Al fondo la Puerta de Santiago
En esta plaza, se ubicó también la primera iglesia de la ciudad, la Ermita de la Victoria.

Como hecho a destacar, entre los que sucedieron a través de los siglos, está el pasaje de "la Manganilla de Melilla", de Juan Ruiz de Alarcón (1612), que trata de un supuesto encantamiento de la guarnición de Melilla por parte de Adi Mahamete Bu Balac, morabito de la zona, para tomar la plaza sin resistencia por parte de los imazighen de la zona. Los españoles añadieron más bulo al supuesto encantamiento y cuando los seguidores del morabito intentaron tomar la plaza: "entraron portando bandera, y al pasar la segunda puerta hallaron a un lado de ella varios soldados armados, al pensar que estaban encantados dieron a acometerlos, por lo que se hizo sonar la campana, haciéndose fuero y matando a 150, el resto con el morabito incluido escaparon al saltar las tapias de la Alafia por su poca altura".

Antiguas escaleras de acceso 
Por lo demás, también quedan testimonios de aquellos españoles que fueron desterrados a estas tierras, unos por delincuentes y otros, por discrepar del gobierno de turno, como les pasó a la mayoría de los ilustrados pero, eso, es otra historia.

Durante mucho tiempo la Plaza de Armas estuvo en obras y lleno de zanjas que dejaron al descubierto los restos de otras civilizaciones que pasaron por Melilla. Muchos de estos restos han sido trasladados al Museo de Melilla, que hace un recorrido por la historia de Melilla.

En el segundo recinto destacan estos puntos de vista:

1.- Centro de la Plaza de Armas Situados en el centro de la Plaza, mirando hacia los cuatro lados, se observa hacia el este la Batería Real, el foso y baluarte de Santiago; al norte, una elevadura escalonada, construida en los últimos años con la excusa de la rehabilitación de la zona; al este, la salida de la plaza a través del Hornabeque; y, al sur, el Baluarte de San José Alto, y los Llares o dientes de sierra.

Plaza de Armas antes de la reconstrucción
2.- Encima del antiguo presidio Sobre el antiguo presidio, hoy se llega a través de la rampa o del escalonado que, dicen que es un anfiteatro, instalado en la plaza. Desde esa altura se puede ver hacia el norte la Ensenada de los Galápagos y el foso de Santiago.

3.- En el Hornabeque Desde el puente o desde el foso, se ven los baluartes de San Pedro y San José Alto.

4.- En el Mantelete Al pie de las murallas, en el primer barrio que se construyó extramuros, el Mantelete, se puede uno hacer la idea de cómo estaba configurada la ciudad antigua y para qué servía el Segundo Recinto, como avanzadilla del Primero junto a la desembocadura del Río de Oro que, por aquel entonces, fluía por esa zona.
Monumento a Carlos Ramírez de Arellano

Escalinata de la Plaza de Armas. Al fondo la Muralla Real

Cañón de la Plaza de Armas

Plaza de Armas

Escalinata actual de la Plaza de Armas

Escalinata actual de la Plaza de Armas

viernes, 15 de octubre de 2010

Túnel de la Victoria


Puerta y Túnel de la Victoria

Del foso de Hornabeque subimos a la izquierda por una rampa o escaleras, recién remodeladas, hasta la pasarela sobre el foso. Enfrente nos encontramos con el túnel de la Victoria, que da acceso a una soleada plaza. Es la plaza de armas, donde se ubican los baluarte de San Pedro y San José Alto.

Esta puerta, que es la entrada a un túnel, de ahí su nombre, se construyó entre 1690 y 1719 en el centro de un frente que está protegido a ambos lados por los citados baluartes.

jueves, 14 de octubre de 2010

Falsa Braga

En el centro imagen de la Falsa Braga
La  falsa Braga no es más que una cimentación rocosa de las murallas del segundo recinto que sirven de unión. Se encuentra sobre el Túnel de San Fernando, que desemboca en el Foso de Hornabeque. Desde esta alto se obtiene una buena vista de la Plaza de las Cuatro Culturas.

Normalmente está cerrado al público su acceso, y únicamente lo he visto con gente durante el Torneo medieval que se celebra a principios de julio. Coincide con el Mercado Medieval y allí se coloca el trono de los Reyes con todos sus asistentes, que presiden el torneo.
Falsa Braga durante el Torneo Medieval

miércoles, 13 de octubre de 2010

Baluarte de San Fernando


Baluarte de San Fernando desde la Plaza de las Cuatro Culturas

Era el  más importante del Tercer Recinto Amurallado. Disponía de 10 cañoneras en sus caras y flancos. Da cobertura al foso de los Carneros.

En este lugar existía en 1564 una torre fundamental para la defensa de la Villa Vieja, la Torre Quemada junto a la cual se ubicaba la Puerta del Campo. En 1604 Pedro de Heredia construye un torreón para defender la puerta, fortaleciendo sus baterías y durante todo el siglo XVII los ingenieros españoles reforzaron tanto la torre como la puerta, que era la principal comunicación de Melilla con el entorno. El recrudecimiento de los ataques de Marruecos a partir de Muley Ismail determina la necesidad de reformar el sistema, además de los desperfectos sufridos por el terremoto de 1660. Por ello se plantea construirles por delante una media luna: obra defensiva curva que se inicia en 1689, pero que siempre delató su falta de solidez.

Finalmente el gobernador Ungo de Velasco derriba en 1714 la torre Quemada y la Media Luna, construyendo en su lugar la Luneta de San Felipe, acabándola al año siguiente Patricio Gómez de la Hoz. En 1721 el ingeniero Juan Martín Zermeño comienza la reforma definitiva del conjunto con la construcción del sólido baluarte de San Fernando y la pequeña luneta la de San Felipe en su ángulo. San Fernando contaba con 10 cañoneras artilladas entre merlones y en su  interior había un pozo de agua, y contó con un espaldón en su interior para proteger a los soldados de los tiros exteriores.

Blasón del Baluarte de San Fernando
Durante su estancia en Melilla, Juan Martín Zermeño se casó con la melillense Martín de Paredes y en Melilla nació Pedro Martín Zermeño, que seguiría la carrera del padre y llegaría a desempeñar altos cargos en el cuerpo de ingenieros de España. En 1768 la Academia de San Fernando le nombró individuo de Honor y Mérito en Arquitectura, fue Brigadier e Ingeniero Director de los Reales Ejércitos y Plaza de S.M., Caballero de la Orden de Alcántara, en 1770 ascendió a Mariscal de Campo y llegó a mandar el Cuerpo de Ingenieros de España, muriendo en 1792.

En el blasón del Baluarte de San Fernando figura "reinando en España Felipe V, siendo gobernador de esta plaza el coronel don Alonso de Guevara e ingeniero don Juan martín Zermeño, se empezó esta obra el año de 1722, y se acabó..."

martes, 12 de octubre de 2010

Torreón de la Alafia

Torreón de la Alafia
También conocido como Torreón de las Cinco Palabras. La parte de las fortificaciones melillenses pertenecientes a las defensas de la población medieval, y quizá anterior, se conoció con el nombre de la Alafia, y que a partir del inicio del siglo XVI, se llamaría Villa Vieja, en contraposición a la Villa Nueva o Primer Recinto que se edificaba sobre la península rocosa.

Los límites de la Alafia estaban marcados por el llamado foso de los Carneros y el mar, la ensenada de los Galápagos y la playa y la Plaza de las Cuatro Culturas.

La antigua Cerca de la Alafia, tenía un foso de unos 117 m de longitud por 7,10 m de altura. En el Frente de Tierra existían cuatro torres. Este frente de tierra mostraba una ligera inclinación desde la ensenada de los Galápagos y la Plaza de los Carros y el actual Mantelete.

El torreón de las Cinco Palabras se encuentra en el Tercer Recinto Fortificado al norte, en uno de sus extremos ubicado en una fuerte pendiente del terreno. En 1729 se reformó con un añadido de cañoneras para flanquear el foso. De una de sus caras salía una comunicación con puente levadizo al Cuarto Recinto. Desde este torreón salía una cortina hasta el baluarte de San Fernando. Es el último y único vestigio de muralla o defensa medieval que queda en los cuatro recintos fortificados.

A lo largo de la historia ha sufrido diferentes cambios de nombre, en muchas ocasiones debido a su uso y utilización. En 1498 es mencionada en un documento como “baluarte grande sobre la caleta”, y posteriormente el nombre de Alafia, que puede significar lugar de paz y comercio o bien para hacer alusión a decoración esgrafiada con caracteres epigráficos.

En 1604 fue el reducto para “albergar a los moros de Alafia”, los que venían a comerciar. Luego se llamó torreón del Veedor y baluarte de San Francisco y nunca fue reconstruido como baluarte perfecto, pesar de estar proyectado varias veces.

Por delante de este baluarte, y contrarrestando su falta de capacidad estaba el fuerte Viejo de Santiago, actualmente desaparecido, de forma triangular construido en 1697. Su forma actual data de una restauración sufrida en 1957 con proyecto del arquitecto Guillermo García Pascual, destacando el escudo en piedra de su portada.
Ruinas de la Alafia
Arco del Torreón de la Alafia


Escudo del Torreón de la Alafia

Torreón de la Alafia desde la Ensenada Galápagos
Desde la Ensenada Galápagos


Melilla española siempre

Hoy he leído en la prensa local que la Policía Municipal ha detenido a un ciudadano marroquí que estaba robando las señales de tráfico de la zona del aeropuerto. Al parecer, cuando lo detuvieron llevaba en una mano una señal recién substraída y en la otra un alicate, herramienta que utilizaba para quitar las señales.

Supongo que el objetivo era quitarlas de allí para luego llevarlas a Marruecos y venderlas. Porque supongo que no sería para utilizarlas allí. Y es que viendo esto, entiendo por qué es un caos la circulación por allí, donde las señales de tráfico, si existen, no tienen utilidad ninguna. Te puedes encontrar a los peatones circulando por la calle y a los coches aparcados en las aceras. Los peatones cruzando por cualquier parte la carretera y los coches tratando de esquivarlos, sin importarles si viene otro de frente...

Cada vez me convenzo más de que si Melilla fuera de Marruecos, el caos, que ya existe en parte en esta ciudad, sería doble o triple. Es de desear que Melilla siga siendo española, no sólo para poder acoger la Copa del Mundo en nuestra ciudad (esta semana está por aquí), sino sobre todo para que podamos vivir civilizadamente.

lunes, 11 de octubre de 2010

El foso de Hornabeque

Puente de Hornabeque

El Foso del Hornabeque fue creado en el siglo XVII, excavado en la roca en 1690, por el Capitán de Ingenieros Juan Martín Zermeño, para separar el segundo y el tercer recinto defensivo en lo que antes ocupaba la Villa Vieja. El camino discurre bajo los arcos del puente del mismo nombre que el foso.

La entrada al Segundo Recinto se realiza por la Puerta de la Victoria, a través del puente que cuenta con cuatro arcos y un espacio levadizo mediante cadenas y tornos.

Al Puente del Foso de Hornabeque se accede a través de una suave rampa en forma de "zigzag" desde la entrada de la Plaza de los Carros y también desde la entrada, en línea recta, desde la Torre de las Cinco Palabras.

En sus tiempos en las cuevas del foso existió una discoteca, que luego daría paso al Club Juventud, donde los jóvenes de Melilla se reunían para bailar hace ya unos añitos.

Foso de Hornabeque (antes de la rehabilitación)
A mi llegada a Melilla, los coches podían acceder sin ningún problema (salvo el camino) hasta el mismo puente de Hornabeque. Desde julio de este año, que se abrió al público tras la rehabilitación, los coches ya no pueden acceder a su interior, lo cual supone una mejora y un cuidado por el patrimonio artístico de la Ciudad Vieja.

En el proyecto de rehabilitación sufrido este año, se recupera el pavimento que el recinto tenía en el siglo XVIII. Éste se encuentra a una profundidad de 1,80 metros bajo el suelo actual, y por motivos de seguridad únicamente se profundiza en degradado desde 30 centímetros hasta 80. Se han instalado unas mamparas transparentes para que los ciudadanos puedan apreciar el pavimento del siglo XVIII y al final del foso se han puesto tres gradas por si en un futuro se pudieran realizar espectáculos y actuaciones de algún tipo.

Arco del Puente Hornabeque
Puente levadizo

Puente levadizo

Puente de Hornabeque

Mercado Medieval (Puesto del Herrero) en el Foso de Hornabeque


Puente de Hornabeque

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